Necesidades de formación

¿Qué tengo que hacer para seguir formándome?

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Si ya cuentas con una formación suficiente para ejercer, sea académica o por vía de la experiencia, ésta es una pregunta importante. En general, los profesionales de la escritura no artística tienen ante sí, esencialmente, cinco grandes grupos de necesidades formativas: la calidad lingüística, el ejercicio profesional, el campo de especialización, la tecnología y los gajes del oficio.

Puesto que la lengua es un sistema vivo, en constante movimiento, es importante tener criterios propios para redactar en un estilo que se adapte bien a las necesidades de comunicación de cada trabajo. No es lo mismo escribir para el público general que para un grupo concreto de profesionales; también habrá que cambiar de registro según nuestro texto tenga que ser divulgativo, publicitario, técnico o audiovisual, entre otros géneros. Las autoridades lingüísticas de referencia (en el caso del español, las academias de la lengua) son valiosas fuentes de orientación, pero no bastan; sólo recogen lo que la lengua viva ya está empleando, y no siempre. Necesitamos más margen de maniobra que la mera utilización de un registro canónico o culto: los textos son mucho más complejos. El oficio general de escribir tiene que conocer no sólo lo que se considera culto o recomendable, sino también lo que es idiomático —los giros y frases naturales del hablante— y, obviamente, lo que es gramatical, lo propio de los hablantes nativos. El criterio de autoridad no siempre comprende estos dos factores. Y, por supuesto, nos asaltan constantemente dudas sobre la ortografía y ortotipografía de unos usos que muchas veces son nuevos o complicados, y no encontraremos con facilidad en los modelos establecidos. En conclusión, necesitamos formarnos continuamente sobre el canon, la naturalidad, la gramaticalidad y la ortografía, porque la lengua está en permanente transformación.
Trabajar es muchísimo más que saber hacer algo, por mucho dominio que uno tenga de su campo. Ejercer una profesión es también hacer la declaración del IVA, buscar y conservar clientes, manejar adecuadamente el tiempo y los plazos, negociar condiciones, buscar oportunidades o facilidades, gestionar presupuestos, organizar y coordinar proyectos… la lista es prácticamente interminable. Será pues necesario continuar formándose sobre todos estos aspectos; en primer lugar, la legislación va variando con el tiempo, y no hay más remedio que estar al día. La gestión documental tiene mucha miga: facturas, impresos, formularios y un papeleo que puede convertirse en una pesadilla si no lo conocemos bien. En la formación continua buscamos, así, todas aquellas competencias que nuestro aprendizaje puramente técnico no ha abarcado: hay que hacer incursiones en muchos otros ámbitos, aunque esto no signifique necesariamente ser un experto en todos ellos. Una buena preparación nos quitará muchos dolores de cabeza.
Todos los textos hablan de algo. Quien se gana la vida escribiendo está en lo que se conoce como «doble tecnicidad»: no sólo tenemos que saber redactar, también tenemos que dominar el contenido de un texto. Esta exigencia variará enormemente dependiendo del campo o campos en que nos especialicemos; nunca podrán ser muy numerosos, puesto que tenemos que conocer y seguir una disciplina que seguramente será muy distinta de la nuestra. Por muy bien que manejemos la documentación o la terminología, nada sustituye el conocimiento experto, y tenemos que hacer todo el esfuerzo posible por que nuestros textos lo reflejen en la mayor medida factible. Tanto si queremos añadir géneros textuales nuevos como si lo que necesitamos es profundizar en nuestros conocimientos especializados, también en esto habrá que seguir buscando una formación adecuada durante toda nuestra vida profesional. Escasamente podremos producir buenos textos si no sabemos de qué estamos hablando.
Para bien o para mal, nuestra cultura (y por lo tanto nuestra vida) se mueve en un eterno cambio tecnológico. Hay que resignarse a que el cacharro que tanto nos costó manejar en su momento —llámese aplicación, programa, aparato o simple procesador— se quedará antiguo más pronto que tarde, y habrá que volver a invertir una parte de nuestro valioso tiempo en volver a aprender otro nuevo. Además de apagar y encender el ordenador incesantemente, hay que hacer copias de seguridad, dominar los programas de voz, las hojas de cálculo, las ingentes cantidades de formatos en que se puede presentar una información y un sinfín de cosas más. En nuestro campo, la tecnología además nos abre dos valiosísimas puertas: la terminológica y la documental. Una buena documentación es imprescindible en nuestro trabajo, pero es que dominar la gestión de la información nos puede facilitar muchísimo la vida. Estar al día es esencial. Hay dos tipos de conocimiento tecnológico que nos resultan imprescindibles. Por un lado, la inteligencia artificial nos cambia completamente el modo de trabajar en el caso de los traductores, tanto con la traducción artificial como con la asistida por ordenador; por otro, en muchas ocasiones hay que profundizar también en la tecnología de diseño y maquetación, dos aspectos esenciales en la producción de textos. Así que ya lo sabemos: a arremangarse, y a coger el toro por los cuernos.
Desde un punto de vista profesional, hay dos grandes grupos de problemas que nos pueden hacer la vida imposible, y que se añadirán a las inevitables dificultades que de por sí entraña la condición humana. Por un lado, tiene que estar uno muy bien templado psicológicamente para lidiar con encargos voluminosos, plazos, presiones ajenas —jefes, subordinados, coordinadores, clientes, lectores, críticos, ociosos comentadores de internet— o terrores diversos como si conseguiremos otro trabajo una vez terminado éste, si ganaremos lo suficiente para afrontar pagos, si lograremos alguna vez subir tarifas, si nos pueden demandar por pifias en nuestros textos, si nos cambiará el horario de sueño para siempre o nos convertiremos definitivamente en vampiros. Por otro lado, la necesidad de estar muchas horas ante el ordenador nos puede provocar todo tipo de lesiones y problemas físicos derivados de una postura inadecuada. Se trata, ante todo, de ser felices: vivir decentemente, ganar un dinero digno, y disfrutar de esa independencia por la que tanto hemos luchado. Por el bien de nuestra espalda y de nuestro equilibrio mental, tenemos que volver a sentarnos (otra vez) y recibir nueva información sobre cómo conllevar todos estos inconvenientes. Merece la pena.